ÍNDICE
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5
Un saludo desde la Casa Real- Cristóbal Moreno
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6
Mensaje de reconocimiento institucional
Pedro Sánchez (Presidente del Gobierno)
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7
Mensaje de reconocimiento institucional
Milagros Tolón Jaime (Ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes)
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8
Mensaje de reconocimiento institucional
Emiliano García Page (Presidente de Castilla-La Mancha)
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9
Mensaje de reconocimiento institucional
Amador Pastor Noheda (Consejero de Educación, Cultura y Deportes)
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10
Lo que aprendimos en aquel instituto
Cristina Maestre (Eurodiputada)
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13
La huella de quienes abren camino
David Broceño Caminero (Subdelegado del gobierno)
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14
Mensaje de reconocimiento institucional
Miguel Ángel Valverde (Presidente de la Diputación de Ciudad Real)
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16
Setenta y cinco años abriendo caminos
José Jesús Caro Sierra (Delegado Provincial de Educación, Cultura y Deportes en Ciudad Real)
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18
Hay lugares que nunca se olvidan
Leopoldo Sierra (Alcalde de Daimiel)
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22
75 años educando para el futuro
Edith Oviedo (Directora del centro)
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24
Del Instituto Laboral José Ruiz de la Hermosa al IES Ojos del Guadiana
Juan Vidal Gago
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28
Del IES Ojos del Guadiana a la Universidad de Castilla-La Mancha: el viaje infinito del conocimiento
Jesús David Sánchez de Pablo
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32
La deuda de los artistas
David García-Manzanares Vázquez de Ágredos
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36
Entre dos edificios: memoria y gratitud
Ángel Arcís García-Muñoz
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39
Seis años que marcaron mi vida
Laura Gómez López de la Franca
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40
El lugar donde empiezan tantas historias
Abigail Núñez de Arenas
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42
De alumna a profesora: una trayectoria compartida
Mª Victoria Pérez Moreno (Mariví)
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44
Volviendo al lugar donde empezó todo
Isabel Carmona Astillero
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46
Pioneros de la formación y la cultura en Daimiel
Francisco Javier Sánchez-Cambronero Caraballo
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48
Desde mi ventana
José Luis Espinosa
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50
De una carta a otra
Emilio Fernández de Simón
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54
Aquellos maravillosos años
Benjamín Herreros
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56
Mi trayectoria en el AMPA: mucho más que una asociación
Amelia Romero Villegas
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58
Los eventos de nuestro 75 aniversario: Historia, Memoria y Comunidad
Susana Fisac Álcazar y Jesús López de Toro Martín-Consuegra
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61
75 años mirando al futuro: el logotipo conmemorativo del IES Ojos del Guadiana
SETENTA Y CINCO AÑOS
DE HISTORIA DE UN
CENTRO EDUCATIVO
ES CELEBRAR MUCHO
MÁS QUE EL PASO DEL
TIEMPO. ES RECONOCER
EL ESFUERZO DE
GENERACIONES DE
DOCENTES, FAMILIAS,
PERSONAL DE
ADMINISTRACIÓN Y
SERVICIOS Y, SOBRE
TODO, DE MILES DE
ALUMNOS Y ALUMNAS
QUE HAN LLENADO DE
VIDA SUS AULAS Y QUE
HOY FORMAN PARTE DE
LA HISTORIA DE DAIMIEL
Y DE CASTILLA-LA
MANCHA.
El IES Ojos del Guadiana ha sabido evolucionar con la sociedad sin perder aquello que da sentido a la educación: formar personas, despertar vocaciones, transmitir conocimiento y cultivar valores como el esfuerzo, la convivencia, el respeto y el compromiso con los demás.
Su trayectoria, estrechamente unida a la de la ciudad de Daimiel y al legado arquitectónico de Miguel Fisac, constituye un motivo de orgullo para toda nuestra comunidad autónoma. Son muchas las historias personales que comenzaron entre sus muros y que, con el paso de los años, han contribuido al progreso de nuestra tierra desde los más diversos ámbitos.
Quiero trasladar mi felicitación a toda la comunidad educativa por este aniversario tan especial. Celebrar el pasado es también una forma de renovar el compromiso con el futuro, con una educación pública de calidad que siga ofreciendo oportunidades a las nuevas generaciones y continúe siendo un motor de igualdad y desarrollo.
Mi enhorabuena a quienes habéis hecho posible estos setenta y cinco años de historia y mis mejores deseos para que el IES Ojos del Guadiana siga siendo, durante muchas décadas más, un referente educativo y humano para Daimiel, para Ciudad Real y para toda Castilla-La Mancha.
Revista conmemorativa del 75 aniversario
(1951-2026)
Setenta y cinco años no caben fácilmente en unas pocas páginas, pero esta revista conmemorativa del IES Ojos del Guadiana logra estructurar un viaje visual y emocional inolvidable. Al recorrer sus columnas y dobles páginas, no solo leemos la historia de un centro educativo fundamental para Daimiel; contemplamos nuestra propia memoria meticulosamente maquetada para perdurar en el tiempo.
Desde el respaldo institucional que abre la publicación —con los saludos de la Casa Real y las autoridades de Castilla-La Mancha— hasta los testimonios más íntimos de antiguos alumnos y profesores, cada texto encaja como una pieza clave en el diseño de esta obra colectiva. Las páginas nos guían por un recorrido estético y humano: la genialidad arquitectónica del edificio original de Miguel Fisac, la evolución del antiguo Instituto Laboral, y las anécdotas de pasillos que formaron a miles de jóvenes.
El cuidado en la distribución espacial de los artículos, las fotografías históricas rescatadas del blanco y negro, y la fuerza visual del logotipo del aniversario, actúan como un hilo conductor que abraza el pasado y mira hacia el mañana. Esta publicación es mucho más que un índice de recuerdos; es un espacio donde la composición editorial rinde un merecido homenaje gráfico a todas las generaciones que han dado vida a nuestro querido instituto.
CON MOTIVO DEL 75 ANIVERSARIO DEL
IES OJOS DEL GUADIANA
ANIVERSARIO DEL IES
OJOS DEL GUADIANA
ES CELEBRAR MUCHO
MÁS QUE EL PASO DEL
TIEMPO. ES RECONOCER
LA HISTORIA DE UN
CENTRO QUE HA
ACOMPAÑADO EL
CRECIMIENTO DE
DAIMIEL DURANTE TRES
CUARTOS DE SIGLO Y
QUE HA DEJADO UNA
HUELLA IMBORRABLE EN
MILES DE PERSONAS.
En estos pasillos han convivido generaciones muy distintas. Aquí estudiaron quienes hoy son abuelos y abuelas, e incluso bisabuelos y bisabuelas de parte del alumnado actual. Cada promoción ha aportado algo nuevo, pero todas han compartido un mismo vínculo: el recuerdo de un lugar donde comenzaron a construir su futuro. Porque los edificios albergan aulas, pero son las personas quienes convierten un instituto en parte de la memoria colectiva de un pueblo.
A lo largo de estos 75 años, el IES Ojos del Guadiana ha conocido numerosas leyes educativas, cambios sociales y avances tecnológicos. Ha sabido adaptarse a cada época sin perder aquello que verdaderamente importa: el compromiso con una educación de calidad, la cercanía de su profesorado y la convicción de que educar es acompañar a cada estudiante para que descubra sus capacidades y encuentre su propio camino.
También este edificio, obra del gran arquitecto daimieleño Miguel Fisac, forma ya parte de la identidad de la localidad. Desde él se ha contemplado cómo cambiaba el mundo mientras permanecía intacta la vocación de quienes, día tras día, han dedicado su esfuerzo a enseñar, orientar y cuidar.
Mi reconocimiento va dirigido a todas las personas que han formado parte de esta historia: equipos directivos, docentes, personal de administración y servicios, familias, alumnado y antiguos alumnos y alumnas. Todos ellos han contribuido a que el IES Ojos del Guadiana sea hoy un referente educativo y humano.
Setenta y cinco años después, el mejor patrimonio del instituto no son únicamente sus instalaciones ni su prestigio, sino las miles de vidas que han pasado por sus aulas. Porque la verdadera medida de un centro educativo no se encuentra solo en los conocimientos que transmite, sino en las personas que ayuda a formar.
Enhorabuena por estos 75 años de historia. Que este aniversario sirva para recordar con orgullo el camino recorrido y para afrontar el futuro con la misma ilusión, la misma vocación de servicio y el mismo compromiso con la educación que han hecho grande al IES Ojos del Guadiana.
Amador Pastor Noheda / Consejero de Educación, Cultura y Deportes
CELEBRAR EL 75.º ANIVERSARIO DEL IES OJOS DEL GUADIANA ES CELEBRAR MUCHO MÁS QUE EL PASO DEL TIEMPO. ES RECONOCER LA HISTORIA DE UN CENTRO QUE HA ACOMPAÑADO EL CRECIMIENTO DE DAIMIEL DURANTE TRES CUARTOS DE SIGLO Y QUE HA DEJADO UNA HUELLA IMBORRABLE EN MILES DE PERSONAS.
En estos pasillos han convivido generaciones muy distintas. Aquí estudiaron quienes hoy son abuelos y abuelas, e incluso bisabuelos y bisabuelas de parte del alumnado actual. Cada promoción ha aportado algo nuevo, pero todas han compartido un mismo vínculo: el recuerdo de un lugar donde comenzaron a construir su futuro. Porque los edificios albergan aulas, pero son las personas quienes convierten un instituto en parte de la memoria colectiva de un pueblo.
A lo largo de estos 75 años, el IES Ojos del Guadiana ha conocido numerosas leyes educativas, cambios sociales y avances tecnológicos. Ha sabido adaptarse a cada época sin perder aquello que verdaderamente importa: el compromiso con una educación de calidad, la cercanía de su profesorado y la convicción de que educar es acompañar a cada estudiante para que descubra sus capacidades y encuentre su propio camino.
También este edificio, obra del gran arquitecto daimieleño Miguel Fisac, forma ya parte de la identidad de la localidad. Desde él se ha contemplado cómo cambiaba el mundo mientras permanecía intacta la vocación de quienes, día tras día, han dedicado su esfuerzo a enseñar, orientar y cuidar.
Mi reconocimiento va dirigido a todas las personas que han formado parte de esta historia: equipos directivos, docentes, personal de administración y servicios, familias, alumnado y antiguos alumnos y alumnas. Todos ellos han contribuido a que el IES Ojos del Guadiana sea hoy un referente educativo y humano.
Setenta y cinco años después, el mejor patrimonio del instituto no son únicamente sus instalaciones ni su prestigio, sino las miles de vidas que han pasado por sus aulas. Porque la verdadera medida de un centro educativo no se encuentra solo en los conocimientos que transmite, sino en las personas que ayuda a formar.
Enhorabuena por estos 75 años de historia. Que este aniversario sirva para recordar con orgullo el camino recorrido y para afrontar el futuro con la misma ilusión, la misma vocación de servicio y el mismo compromiso con la educación que han hecho grande al IES Ojos del Guadiana.
Cristina Maestre Martín de Almagro / Eurodiputada
Lo que aprendimos en aquel instituto
HAY LUGARES QUE FORMAN PARTE DE NUESTRA VIDA INCLUSO MUCHOS AÑOS DESPUÉS DE HABERLOS DEJADO ATRÁS. EL ANTIGUO INSTITUTO RUIZ DE LA HERMOSA, HOY IES OJOS DEL GUADIANA, ES PARA MÍ UNO DE ELLOS.
CELEBRAR SU 75 ANIVERSARIO ES CELEBRAR UNA PARTE DE LA HISTORIA DE DAIMIEL Y DE NUMEROSAS GENERACIONES QUE PASAMOS POR SUS AULAS. PERO TAMBIÉN ES UNA BUENA OPORTUNIDAD PARA RECORDAR QUÉ SIGNIFICÓ ESTE INSTITUTO PARA QUIENES ESTUDIAMOS ALLÍ Y, SOBRE TODO, QUÉ PAPEL DESEMPEÑÓ EN LA VIDA DE NUESTRO PUEBLO.
Porque los centros educativos son mucho más que edificios donde se imparten clases. Son también espacios en los que se aprende a convivir, a pensar, a discutir, a escuchar y a descubrir poco a poco quién eres y hacia dónde decides transitar.
Y toda esa evolución… incluso a veces, esa catarsis, se produce gracias, en gran medida, a esos grandes docentes que sin duda nos dejan huella de por vida.
No quiero mencionar nombres propios para no errar por las omisiones. Cada generación tiene sus profesores, sus recuerdos y sus historias. Pero sí puedo decir que algunos de los míos tuvieron una influencia que fue mucho más allá de las materias que impartían.
A través del arte, la historia, la literatura y también las ciencias, aprendí a mirar el mundo de otra manera: a comprender de dónde venimos, a interpretar nuestro presente, a hacernos preguntas y a no permanecer indiferentes ante aquello que nos rodea. Aquellas enseñanzas fueron dando forma a mi manera de entender la sociedad y también a mi propio compromiso con los demás.
Y hubo algo todavía más importante: aquellos profesores me ayudaron a descubrir y a valorar mis propias capacidades. La buena docencia no consiste únicamente en transmitir conocimientos; también consiste en conseguir que un alumno se reconozca capaz, confíe en su criterio y se atreva a imaginar un futuro que quizá hasta entonces no había considerado posible.
Conseguir algo así en una etapa tan decisiva como la adolescencia no es sencillo. Hace falta compromiso, dedicación y, sobre todo, el ejemplo de quienes enseñan. Algunos de aquellos profesores dejaron en mí una huella que va mucho más allá de lo académico y que, muchos años después, sigue acompañándome.
Por eso, cuando hablamos de aquellos años, resulta inevitable hablar también de la educación pública y de lo que significa desde una perspectiva de justicia social.
En aquel instituto estudiaban jóvenes procedentes de familias y realidades muy diferentes. Para algunos, continuar los estudios no era algo que estuvieran garantizado. Había alumnos que comenzaban el curso más tarde porque antes tenían que trabajar durante la vendimia. Y hubo quienes pudieron continuar su formación gracias a las becas y al compromiso de profesores que entendían que su responsabilidad con los alumnos no terminaba cuando acababa la clase.
La educación pública permite precisamente eso: que el origen familiar no marque de antemano el horizonte de una persona. Que un joven cuya familia nunca habría podido costear determinados estudios pueda, gracias a una beca, a un buen sistema educativo y al acompañamiento de buenos profesores, desarrollar sus capacidades y construir su propio camino.
Muchos alumnos de aquellas generaciones lo hicieron. Se forjaron profesionalmente, alcanzaron carreras que quizá sus familias jamás habían podido imaginar y construyeron sus vidas a partir de algo que debería parecernos normal, pero que no debemos dar nunca por garantizado: la posibilidad de elegir nuestro futuro con independencia de nuestro origen social.
Esa es, para mí, una de las razones más profundas para defender la educación pública. No se trata de que todos lleguemos al mismo lugar. Se trata de que nadie vea reducido su horizonte antes siquiera de haber tenido la oportunidad de descubrir hasta dónde puede llegar.
“(…) Se trata de que nadie vea reducido su horizonte antes siquiera de haber tenido la oportunidad de descubrir hasta dónde puede llegar”
Y cuando pienso en mi paso por el instituto, junto a todo aquello, aparecen también las personas.
Recuerdo especialmente la convivencia con los alumnos de Villarrubia de los Ojos y Arenas de San Juan. Éramos jóvenes de pueblos cercanos, con nuestras distintas realidades y nuestras propias historias, que compartíamos estudios y experiencias. Aquella convivencia también formaba parte de nuestra educación: aprender a relacionarnos con otros, a descubrir lo que nos unía y a ampliar nuestra mirada más allá de nuestro entorno más inmediato.
Las clases, los profesores, los recreos, las conversaciones, las risas y aquellas preocupaciones que entonces parecían enormes. Y aparecen, sobre todo, los amigos.
Tuve la enorme suerte de encontrar allí a personas que, muchos años después, siguen formando parte de mi vida. Amistades que nacieron siendo muy jóvenes y que han sobrevivido al tiempo, a las distancias y a los caminos diferentes que después hemos recorrido.
Quizá por eso, al recordar el Ruiz de la Hermosa, no pienso solamente en lo que aprendí para aprobar aquellas asignaturas. Pienso en todo aquello que aprendí para la vida: a mirar, a pensar, a cuestionar, a valorar mis propias capacidades y a entender que el conocimiento también puede ser una forma de compromiso con los demás.
Y pienso en las personas que hicieron posible todo aquello.
A todos ellos, profesores, compañeros y amigos, mi agradecimiento.
Cristina Maestre Martín de Almagro / Antigua alumna
David Broceño Caminero / Subdelegado del gobierno
La huella de quienes abren camino
Desde aquel curso 1951-1952, el hoy IES Ojos del Guadiana ha estado estrechamente unido a Daimiel y a su gente. Miles de jóvenes han pasado por sus aulas y han encontrado en ellas conocimientos, amistades, oportunidades y experiencias que, de una forma u otra, les han acompañado después en sus vidas.
Su historia guarda además una vinculación muy especial con el patrimonio de Daimiel y con una figura universal como Miguel Fisac. Un legado que forma parte de la identidad de un centro que ha sabido evolucionar al ritmo de la sociedad sin perder sus raíces.
Como subdelegado del Gobierno, pero también como docente durante buena parte de mi vida profesional, siento un especial respeto por lo que representan estos 75 años. Porque educar es mucho más que transmitir conocimientos: es ayudar a descubrir capacidades, abrir oportunidades y confiar en lo que cada joven puede llegar a ser lo que quiera.
Por eso me parece especialmente acertado que el instituto haya elegido «75 años mirando al futuro» para celebrar este aniversario. Porque una institución educativa honra su historia precisamente cuando utiliza todo lo aprendido para seguir avanzando.
Mi reconocimiento a quienes comenzaron este camino, a quienes lo continuaron y a quienes hoy mantienen vivo el instituto. Y, especialmente, a tantas generaciones de daimieleños y daimieleñas que pueden decir con orgullo: «Yo estudié allí».
Feliz 75.º aniversario al IES Ojos del Guadiana. Gracias por formar parte de la historia de Daimiel y, sobre todo, por seguir ayudando a construir su futuro.
MIGUEL FISAC
Y, sin embargo, en este caso el edificio también importa. El instituto ocupa una construcción emblemática proyectada por el arquitecto daimieleño Miguel Fisac, uno de los grandes referentes de la arquitectura española contemporánea. Sus espacios han sido testigos del paso del tiempo, de los cambios sociales y de las distintas maneras de enseñar y aprender. Este edificio es patrimonio arquitectónico, pero también patrimonio emocional de Daimiel. Para muchas personas, sus aulas, patios y pasillos están asociados a amistades duraderas, profesores inolvidables, primeros proyectos y decisiones importantes. En sus paredes permanece una parte de la memoria colectiva de la localidad. Cumplir setenta y cinco años invita a mirar al pasado con orgullo, pero también al futuro con esperanza. La educación afronta nuevos desafíos, pero mantiene intacta su misión esencial: formar personas capaces de pensar, convivir, participar y construir un mundo mejor.En nombre del gobierno de Castilla-La Mancha, mi felicitación más sincera a toda la comunidad educativa y a cuantas personas han formado parte de estos setenta y cinco años de historia. Gracias por haber convertido al IES Ojos del Guadiana en una referencia para Daimiel y para toda nuestra provincia.
Hay lugares que nunca se olvidan
AUNQUE PASEN MÁS DE CUARENTA AÑOS, BASTA CERRAR LOS OJOS PARA VOLVER A RECORRER SUS PASILLOS, ESCUCHAR EL SONIDO DEL TIMBRE QUE ANUNCIABA EL CAMBIO DE CLASE O RECORDAR LOS NERVIOS DEL PRIMER DÍA. ESO ES LO QUE ME OCURRE CADA VEZ QUE PIENSO EN EL QUE ENTONCES CONOCÍAMOS COMO INSTITUTO DE BACHILLERATO JOSÉ RUIZ DE LA HERMOSA, HOY IES OJOS DEL GUADIANA.
Entre aquellas paredes viví algunos de los años más importantes de mi juventud. Llegué siendo un muchacho con más dudas que certezas y salí con una mochila llena de conocimientos, de amigos y, sobre todo, de valores que todavía hoy me acompañan.
Venía de la EGB y todo era diferente. Por primera vez teníamos un profesor para cada asignatura. Aquello nos hacía sentir mayores. También descubrimos una libertad que entonces nos parecía inmensa: salir del instituto durante el recreo. Cruzábamos hasta el parque, nos acercábamos a la cantina o a cualquiera de las pequeñas tiendas de alrededor —la de enfrente del instituto o la de las 120 Viviendas— para comprar, cuando el bolsillo lo permitía, aquel inolvidable bocadillo de caballa que, estoy convencido, muchos de mi generación todavía recuerdan con una sonrisa.
Eran pequeños momentos que entonces parecían cotidianos y que hoy forman parte de los recuerdos más entrañables de toda una generación.
Recuerdo también las clases de Educación Física y mi particular batalla con el potro de gimnasia. Confieso que nunca fui precisamente un especialista en saltarlo. Hoy lo cuento con una sonrisa porque también esos pequeños fracasos forman parte de los recuerdos más queridos de la juventud.
Recuerdo las clases de mañana y tarde, las horas de estudio, los nervios antes de los exámenes, la alegría de los aprobados y la decepción de algún suspenso que, con el tiempo, acabó enseñándome tanto como los propios éxitos.
Pero, sobre todo, recuerdo a las personas.
Recuerdo a mis compañeros de Daimiel, pero también a tantos amigos que cada día llegaban en autobús desde Villarrubia de los Ojos y Arenas de San Juan. Con muchos de ellos compartimos una etapa irrepetible que dejó amistades sinceras y recuerdos imborrables.
Recuerdo las fiestas de Santo Tomás de Aquino, las competiciones deportivas, las entregas de medallas, las cenas de compañeros y aquellas noches inolvidables en la Gruta. Recuerdo también los ensayos y las representaciones teatrales, especialmente Tres sombreros de copa, y, cómo no, los primeros amores… y también algún que otro ‘novillo’ que hoy el tiempo convierte en una sonrisa.
Pero si hay un recuerdo que permanece por encima de todos es el de nuestros profesores. Con los años he comprendido que un profesor no solo enseña una asignatura. También transmite confianza, despierta vocaciones, exige cuando debe hacerlo y ayuda, muchas veces sin saberlo, a descubrir el camino que cada alumno seguirá en la vida.
Quién me iba a decir entonces, cuando crucé por primera vez la puerta del Instituto José Ruiz de la Hermosa en septiembre de 1979, con apenas catorce años, que la vida me llevaría primero a ejercer una profesión tan hermosa como la Enfermería, cuidando de las personas, y más tarde tendría el inmenso honor de servir a mi pueblo como alcalde y de representar a los ciudadanos como senador.
“Llegué siendo un muchacho con más dudas que certezas y salí con una mochila llena de conocimientos, de amigos y, sobre todo, de valores que todavía hoy me acompañan.”
LA VIDA, EFECTIVAMENTE, NOS LLEVA POR CAMINOS QUE NUNCA IMAGINAMOS
Si hoy puedo mirar atrás con satisfacción no es por los cargos que la vida me ha permitido desempeñar, sino porque he procurado no olvidar nunca de dónde vengo. Y en ese camino hubo tres pilares fundamentales: mis padres, que me educaron con esfuerzo y honestidad; mis profesores, que supieron orientarme y despertar en mí el deseo de superarme; y mis compañeros, con quienes compartí una etapa que aún hoy recuerdo con una enorme gratitud.
Con el paso del tiempo he descubierto que los títulos son importantes, pero mucho más importantes son los cimientos sobre los que uno construye su vida. Y esos cimientos comenzaron a levantarse aquí, entre estas aulas. El esfuerzo, el respeto, la humildad, el compañerismo y el trabajo bien hecho siguen siendo hoy tan necesarios como entonces.
A los alumnos que hoy recorren estos mismos pasillos me gustaría decirles algo muy sencillo: yo también me senté donde hoy os sentáis vosotros. También tuve miedo antes de un examen. También soñé con mi futuro sin saber muy bien cuál sería. No dejéis nunca que nadie os diga hasta dónde podéis llegar. Estoy convencido de que entre vosotros hay futuros enfermeros, médicos, maestros, agricultores, ingenieros, empresarios, investigadores, artistas, deportistas… y quizá también quien un día tenga el privilegio de servir a Daimiel desde la responsabilidad pública.
Disfrutad de esta etapa porque, aunque ahora os parezca eterna, un día descubriréis que pasó demasiado deprisa. Entonces comprenderéis que el instituto no fue solo el lugar donde estudiamos. Fue el lugar donde empezamos a convertirnos en las personas que hoy somos.
Si pudiera cruzarme hoy con aquel muchacho de catorce años que, en septiembre de 1979 y con una carpeta bajo el brazo, cruzó por primera vez la puerta del Instituto José Ruiz de la Hermosa, le diría que disfrute intensamente de cada día. Que no tenga prisa por hacerse mayor. Que valore a sus profesores, que cuide a sus amigos y que nunca deje de escuchar los consejos de sus padres.
Le diría que la vida le llevará por caminos que ni siquiera puede imaginar. Que un día será enfermero, la profesión que le enseñará el verdadero valor de cuidar de los demás. Que más tarde tendrá el inmenso honor de servir a su pueblo como alcalde y de representar a los ciudadanos como senador. Y que descubrirá que el mayor éxito no consiste en ocupar un cargo, sino en poder mirar atrás sin olvidar nunca de dónde viene.
Y antes de despedirme de él, le diría una última cosa: cuando pasen más de cuarenta años y vuelvas a cruzar la puerta de este instituto, comprobarás que los recuerdos siguen viviendo entre sus paredes y sentirás el mismo orgullo que aquel primer día de formar parte de esta gran familia educativa.
Porque, al fin y al cabo, uno nunca deja de ser alumno del instituto que le enseñó a crecer.
Gracias, querido instituto, por estos 75 años formando generaciones de daimieleños. Gracias por haber formado también la mía.
Leopoldo Sierra Gallardo. Alumno del Instituto José Ruiz de la Hermosa (1979-1983). Alcalde de Daimiel
Setenta y cinco años abriendo caminos
A lo largo de estas siete décadas y media, el centro ha contribuido a la formación académica, personal y humana de miles de jóvenes, convirtiéndose en un espacio donde el conocimiento, el esfuerzo y los valores han encontrado siempre un sólido punto de encuentro.
La historia de vuestro instituto, que con anterioridad se llamó José Ruiz de la Hermosa, discurre paralela a la evolución de Daimiel. Son innumerables las familias que han visto pasar por sus aulas a varias generaciones, consolidando un vínculo que trasciende el ámbito educativo para formar parte del patrimonio sentimental y de la memoria colectiva de la localidad.
Ese legado adquiere, además, una dimensión singular por desarrollarse en un edificio concebido por el insigne arquitecto daimieleño Miguel Fisac, cuya obra constituye una de las mayores aportaciones de nuestra provincia a la arquitectura contemporánea. La conjunción entre un espacio de tan alto valor patrimonial y la vocación educativa que ha albergado durante setenta y cinco años simboliza el compromiso de Daimiel con la cultura, el conocimiento y el desarrollo.
Como presidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, deseo expresar mi reconocimiento y gratitud a cuantas personas han contribuido a hacer posible esta trayectoria. Equipos directivos, docentes, personal de administración y servicios, alumnado y familias han sabido construir, con dedicación y responsabilidad, una institución que ha sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos sin renunciar a los principios que inspiran el servicio público de la educación.
Uno de los primeros propósitos que tuvo la Diputación de Ciudad Real desde su origen fue poner en marcha un Instituto Provincial, que hoy es el de San Juan de Ávila de la capital, con la intención de formar y retener talento en nuestra provincia y ofrecer la oportunidad de estudiar aquí a generaciones de jóvenes. Es pues, una doble satisfacción ver cómo ese primer instituto se ha replicado en decenas de ellos ubicados en distintos puntos de la provincia, como es el caso del IES “Ojos del Guadiana” de Daimiel.
La fortaleza de una provincia se mide también por la calidad de sus centros educativos y por su capacidad para formar ciudadanos preparados, comprometidos y conscientes del valor de nuestro territorio. El IES Ojos del Guadiana viene desempeñado esa misión con ejemplaridad durante tres cuartos de siglo y puede contemplar este aniversario con la satisfacción del deber cumplido y con la confianza de seguir siendo un referente para las generaciones venideras.
Quiero trasladar mi más sincera felicitación a toda la comunidad educativa por un aniversario tan relevante y expresar el deseo de que esta conmemoración sirva para rendir homenaje a quienes han escrito la historia del centro, fortalecer el sentimiento de pertenencia que une a tantas generaciones de daimieleños y renovar el compromiso con una educación de calidad, capaz de seguir impulsando el conocimiento en Daimiel y en la provincia de Ciudad Real.
“La fortaleza de una provincia se mide también por la calidad de sus centros educativos y por su capacidad para formar ciudadanos preparados, comprometidos y conscientes del valor de nuestro territorio.”
75 años educando para el futuro
CELEBRAR EL 75 ANIVERSARIO DE UN CENTRO EDUCATIVO SIGNIFICA MUCHO MÁS QUE RECORDAR UNA FECHA. SUPONE MIRAR ATRÁS Y RECORDAR A TODAS LAS GENERACIONES DE ALUMNOS, PROFESORES, PERSONAL NO DOCENTE Y FAMILIAS QUE HAN FORMADO PARTE DE SU HISTORIA RECORDANDO QUE, DURANTE ESTOS AÑOS, LA EDUCACIÓN HA CAMBIADO PROFUNDAMENTE MANTENIENDO INTACTA SU GRAN IMPORTANCIA.
En el pasado, la escuela representaba una de las principales vías para adquirir conocimientos y acceder a nuevas oportunidades. En sus aulas, los estudiantes no solo aprendían matemáticas, literatura, historia, ciencias o cualquier disciplina, sino también valores como el esfuerzo, la responsabilidad y la convivencia. Para muchas generaciones, la educación fue la herramienta que les permitió construir un futuro diferente y contribuir al progreso de la sociedad.
En la actualidad, la educación continúa desempeñando ese papel fundamental, aunque se enfrenta a nuevos retos. Vivimos en una sociedad muy cambiante caracterizada por los constantes avances tecnológicos y por el acceso inmediato a una enorme cantidad de información. Por ello, educar ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos. También implica enseñar a pensar de forma crítica, seleccionar información fiable, trabajar en equipo y adaptarse a un mundo en permanente transformación.
Mirando hacia el futuro, la educación será quizás todavía más relevante. La inteligencia artificial, los cambios sociales y las nuevas profesiones exigirán personas capaces de aprender durante toda su vida de forma continua. Sin embargo, por mucho que avance la tecnología, las aulas seguirán siendo espacios esenciales para compartir experiencias, descubrir vocaciones y crecer como personas.
Después de 75 años, este centro puede mirar con orgullo todo lo conseguido, pero también con ilusión hacia lo que está por venir. Porque cambian las generaciones, las herramientas y las formas de aprender, pero permanece una certeza: educar es construir el futuro de nuestra sociedad.
«Las aulas seguirán siendo espacios esenciales para compartir experiencias, descubrir vocaciones y crecer como personas.»
Juan Vidal ha destacado por su labor cultural y su contribución a la recuperación de la historia y el patrimonio de Daimiel.
Del Instituto Laboral José Ruiz de la Hermosa al IES Ojos del Guadiana
QUÉ ATENTA TUVO QUE ESTAR LA CORPORACIÓN MUNICIPAL DAIMIELEÑA DE 1950! PARA CONSEGUIR QUE EN LA SEGUNDA REMESA DE INSTITUTOS LABORALES DE ESPAÑA, FUERA NUESTRA CIUDAD LA SEDE DE UNO DE ELLOS EN LA MODALIDAD AGRÍCOLA GANADERA Y QUE ABRIERA SUS PUERTAS EN EL CURSO ESCOLAR 1951-52 CON CINCO PROFESORES Y DIEZ Y OCHO ALUMNOS DE PRIMER CURSO, EN DOS DEPENDENCIAS CEDIDAS PARA LA OCASIÓN POR EL AYUNTAMIENTO EN EL MISMO EDIFICIO DE LA CASA CONSISTORIAL.
Ellos sabrán los palillos que tuvieron que tocar y a las puertas que tuvieron que llamar.
La oferta municipal para conseguirlo fue: Los terrenos necesarios para su establecimiento en parte de los recientemente adquiridos con destino a Parque Municipal y un millón de pesetas, en momentos de inimaginables carencias y que por cierto una década más tarde estaban abonadas únicamente cien mil de ellas, reclamando en no pocas ocasiones el resto el Ministerio.
Desde los primeros instantes, el alumnado (solamente masculino) fue in crescendo,
de forma que cinco años después, con el Bachillerato Elemental Laboral implantado, se había alcanzado la cifra de 128 alumnos y dos años más tarde, impartiendo también el Bachillerato Superior en las secciones de Viticultura, Enología y Mecánica Agrícola, los alumnos serán 161, procedentes los de este Bachillerato Superior de distintos puntos
de España.
Este incremento de alumnos, profesores, materias a cursar, etc. trae consigo la necesidad de espacios, que se solventa con la construcción de nueva planta del INSTITUTO LABORAL JOSÉ RUIZ DE LA HERMOSA, en el parque del Carmen, obra diseñada por D. Miguel Fisac y construida por D. José Fernández de Marcos.

De estos primeros años de andadura son: La Revista GUADIANA, que además de auténtico boletín informativo, fue órgano de expresión de las inquietudes y proyectos de la localidad y los deseos expuestos en más de una ocasión de convertir este Centro en Instituto Piloto, con ampliación de Laboratorio, Talleres, Internado, Aula Magna, Viviendas para Profesorado y Personal subalterno y sobre todo los deseos expresados desde mediados de la década de los años cincuenta de la instauración del Bachillerato Laboral Femenino en la modalidad Administrativa, que tardaría diez años en llegar.
Simultaneando con lo anterior es de destacar la labor a través de los Planes Comarcales de Extensión Cultural, aprobados por el Patronato.
Qué significativa la Memoria de Actividades del curso 1958-59 que no nos resistimos a copiar literalmente: En el ámbito cultural de la ciudad pesa ya notoriamente la benéfica influencia del Instituto Laboral. No lo decimos nosotros. Lo proclama mejor la vida misma de un Centro que organiza ciclos de conferencias y cursos monográficos, publica libros y folletos, monta exposiciones, realiza excursiones y viajes de estudios, proyecta documentales, recibe múltiples e importantes visitas, celebra fiestas y solemnidades religiosas y académicas, ofrece veladas y conciertos, participa en torneos y competiciones deportivas, divulga prácticas y conocimientos útiles… Cumple en resumen la finalidad extradocente de contribuir a la elevación cultural, al aumento de riqueza y al progreso técnico de la comarca. Y todo ello, después de su principal misión: formar íntegramente, educar, enseñar y forjar a estos muchachos, que recibimos niños y nos dejan ya adolescentes y casi hombres.
Un duro golpe para el Centro fue la pérdida temporal del Bachillerato Superior a comienzo de la década de los sesenta, que enseguida recupera y pasa a la nueva denominación: INSTITUTO TÉCNICO DE ENSEÑANZA MEDIA JOSÉ RUIZ DE LA HERMOSA y enseguida la llegada del Bachillerato Unificado Polivalente –BUP– con la implantación de la Ley General de Educación de 1970 y otra vez el cambio de denominación, pasando ahora a: INSTITUTO NACIONAL DE BACHILLERATO JOSÉ RUIZ DE LA HERMOSA.
Con la aplicación de la LOGSE, ya en el curso 1995-96, vuelven a ser modificados los estudios primarios y secundarios y llega la actual denominación del Centro, pasando a ser INSTITUTO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA OJOS DEL GUADIANA.
La excesiva legislación posterior trae consigo continuas modificaciones que imposibilitan su tratamiento en este pequeño trabajo.
Cumple en resumen la finalidad extradocente de contribuir a la elevación cultural, al aumento de riqueza y al progreso técnico de la comarca. Y todo ello, después de su principal misión…